Sí, indudablemente saldremos de esta, y antes de lo que muchos auguran. Por sorprendente que pueda parecer en 1996 nuestra prima de riesgo, nuestro nivel de endeudamiento y los tipos de interés eran superiores a los actuales, y la tasa de paro del 21%, idéntica a la de hoy; solo dos años de austeridad y reformas liberalizadoras permitieron a España aprobar los cinco exámenes de Maastrich y generar el 40% del empleo creado en la Unión Europea.
Este lunes la bolsa cayó un 4.69% y la prima de riesgo se situó en 341 puntos básicos. La justificación es diversa.
Esta última, la prima de riesgo, mide la falta de fiabilidad del gobierno de España respecto del alemán a la hora de devolver la deuda que tiene emitida. Cuando Mariano Rajoy vicepresidía el gobierno de España, nuestra prima era de cero puntos, todos los prestamistas, esos que llaman tiburones pero que realmente son nuestros abuelitos ahorradores, elegían nuestra Nación como la más segura del mundo.
Ahora la cosa ha cambiado y no somos de fiar, básicamente por dos motivos; el desaforado crecimiento de la deuda pública –el gobierno de Zapatero es titular del 77%, el 18% de las autonomías y un 5% de corporaciones locales-, por el cual tan solo el ejecutivo central precisa de 22 millones euros de préstamo cada hora.
Y, en segundo lugar, por la falta de garantías jurídicas para cobrar tras la derogación rubalcabiana de la ley de estabilidad presupuestaria, de ahí que sea un gran acierto, aunque tardío, la modificación de la Constitución para limitar el endeudamiento público, que es una garantía para todos los ciudadanos frente a los políticos derrochadores.
Esta reforma, cuyo vigor pleno se alcanzará en 2020, era necesaria aunque no suficiente, hay que hacer múltiples cambios adicionales en el mercado de trabajo, en el energético y en el financiero, y dar estabilidad tributaria, preferentemente a la baja, a empresarios y trabajadores.
Así no solo se corregirá nuestra prima de riesgo sino que se atemperarán los sobresaltos bursátiles, y se comenzará a ver luz al final del tunel.
Miguel Barrachina (Diputado Nacional PP)
¿Por qué no ponéis los comentarios que no son favorables a vuestro financiador?
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