20.7.17

Los falangistas castellonenses consideran el 18 de julio el inicio de una tragedia y una masacre

18 DE JULIO, EL PRINCIPIO DEL FINAL DE LA FALANGE Y DE LA REVOLUCIÓN SOCIAL 

Cuando se cumple un nuevo aniversario del inicio de la Guerra Civil Española, desde Falange Española de las JONS creemos que no hay nada que celebrar. El 18 de Julio de 1936 sólo tiene dos adjetivaciones, tragedia y masacre, de aquí el último deseo de José Antonio: "Ojalá fuera la mía la última sangre española que se vertiera en discordias civiles". 

No cabe duda que la II República no fue un régimen idílico, sino todo lo contrario, se cavó su propia tumba al no saber sostener una nación con un clima de violencia generalizada, que tuvo una revolución sangrienta en octubre de 1934, que asesinó a Calvo Sotelo, que alentó la persecución religiosa, que produjo proclamaciones de independencia, cierre de academias militares así como la quiebra total de las leyes, todo ello contribuyó a finiquitar y sepultar al mismo régimen republicano, conduciendo dolorosamente al país, a la peor de las aventuras humanas, el enfrentamiento entre españoles.

Un gran número de falangistas se unieron y participaron junto a las tropas nacionales, no lo vamos a negar, ni renegamos de nuestra historia, no cabe duda de que en aquellas fechas históricas se decidían los destinos de España e incluso su propio ser, por lo que ante dicho levantamiento militar, la Falange no podía ponerse de parte del gobierno que les persigue ni de los partidos que apoyaron a este gobierno, decantándose activamente con el bando que en ese momento garantizaba al menos la mera subsistencia de España en la que muchos falangistas entregaron sus vidas por la consecución del sueño de justicia, libertad y solidaridad, aunque como luego diría el mismo Manuel Hedilla; "ganamos la guerra, pero perdimos la revolución". 

Lamentablemente, para Falange Española de las JONS, lo que pudo ser la plasmación de un sueño de justicia y juventud se convirtió en una pesadilla inmobilista, en una mera dictadura militar heredera de los "espadones" del siglo XIX.

El mismo José Antonio siempre desconfió de los militares, advirtiendoles: "Consideren todos los camaradas hasta que punto es ofensivo para la Falange el que se la proponga tomar parte como comparsa en un movimiento que no va a conducir a la implantación del Estado Nacionalsindicalista, sino todo lo contrario reinstaurará una mediocridad burguesa conservadora, orlada, para mayor escarnio, con el acompañamiento coreográfico de nuestras camisas azules".

Posteriormente, mientras los antiguos derechistas de la CEDA y miembros de otros partidos de misma similitud política coparon la Falange, los auténticos falangistas fueron perseguidos, sufrieron el destierro, la cárcel o la muerte, tras un régimen que secuestró la simbología azul para enmascarar una dictadura de corte burgués que duró cuatro décadas.

Desde la Falange, sólo nos quedan hoy palabras de concordia y reconciliación y el anhelo de una democracia libre, apacible y justa, como deseó José Antonio. 

Comunicación FEJONS Castellón

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