Durante el pasado año 2019, más de 4.300 cristianos fueron asesinados en todo el mundo a causa de la fe. En palabras de Thomas Heine-Geldern, presidente de la Fundación Pontificia ACN - Aid to the Church in Need, “2019 ha sido un año de mártires, uno de los años más sangrientos de la historia para los cristianos.”
Pero el derramamiento de sangre a causa de la fe no es la única modalidad de martirio. Una antigua homilía irlandesa escrita a finales del siglo VII reconocía otros tipos: el ‘martirio blanco’ por el que se es perseguido a causa de la fe, pero sin derramar sangre alguna; el ‘martirio verde’ centrado en la penitencia y el ayuno extremos por amor a Dios, asociado habitualmente a los eremitas egipcios por las condiciones en las que viven y, por último, el ya conocido como ‘martirio rojo’ donde el testimonio llega incluso hasta morir a causa de la fe.
Ya en el 2018, el papa Francisco advirtió de la creciente persecución a los cristianos ante la pasividad del mundo, incidiendo también en la persecución en los países democráticos donde la libertad religiosa se limita. Todo esto lo podemos observar por ejemplo en la reciente supresión de los belenes en muchos ayuntamientos de España, la promoción de obras blasfemas, el intento de expropiación de los bienes de la Iglesia y el de eliminación de la asistencia religiosa en los hospitales, las burlas a los alumnos que se matriculan en la asignatura de Religión, el derribo de cruces y de todo símbolo cristiano de la vida pública, las políticas legislativas que interfieren en el derecho de los padres a elegir la educación que quieren para sus hijos, los ataques a templos, así como las persecuciones ideológicas contra todos aquellos que disientan con los postulados del laicismo radical.
Sin ir más lejos, en el centro de los últimos ataques liberticidas se encuentra el obispo de la Diócesis de Segorbe-Castellón, Casimiro López, acusado por el PSPV-PSOE Província Castelló y el lobby LGBT+ de promover un “discurso de odio” por convocar unas jornadas de formación sobre antropología cristiana y cuestiones de bioética.
Mientras Casimiro López alienta a los suyos a formarse, por su contra Pastora de Florencio, presidenta de la asociación Castelló LGTBI, le acusa de hacer apología de “los delitos de odio, las agresiones, las humillaciones, los insultos y el menosprecio.”
Creo que a estas alturas de la película no es necesario que diga cuál es mi postura acerca de la igualdad y la dignidad de las personas LGBT+, pero flaco favor le hace Pastora de Florencio a la causa si pretende hacerlo cercenando la libertad de expresión de otros con falsas acusaciones.
Pero claro, en una sociedad cada vez más polarizada en las ideas es normal que surjan acusaciones tan graves como las que realiza Pastora. Al fin y al cabo, la plataforma que preside debe obedecer a la voz de su amo y justificar los 47.858€ que recibió la pasada legislatura como subvención por parte de la Generalitat Valenciana. Es decir, con dinero de nuestros impuestos están haciendo política para decirnos cómo tenemos que pensar.
Mientras en 1936 el obispo de Segorbe Miguel Serra fue torturado y asesinado a causa de la fe, hoy, en 2020, el obispo Casimiro López parece estar llamado a vivir el martirio blanco siendo despreciado, calumniado y perseguido institucionalmente.
En definitiva, recemos por él para que siga siendo fiel en estos tiempos de tribulación.
Colaboración Asociación Cultural Sor Martina

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