Hoy, después de 7 días, es también Viernes Santo. Son las cinco de la madrugada y llevo la camisa empadada de sangre. Una hemorragia nasal por subida de tensión. Ya remite. Con el cese de la sangre llega la serenidad. Tengo apenas unas horas para tomar un tren que me llevará a lo que fui y lo que seré. Es decir, el tren circular que me sirvió de base para ganar lo de Max Aub en el 92 y meterme de lleno en esto de escribir y malvivir. El cuento se titulaba En el principio fueron tres raíles y cerrábase, parafraseando al poeta Miguel Hernández, con las tres heridas de la esencia: la de la vida, la de la muerte y la del amor. Esto que escribo viene a ser igual: es la trinidad de la tragedia del hombre en este mundo, somatizada y divulgada desde Segorbe, la ciudad adoptiva a la que tanto le debo… Yo soy de Algemesi y de Segorbe, puedo tener dos pueblos. Soy un privilegiado.
No hay posibilidad de corrección en este texto: los minutos se mueren, el tiempo pasa y he de tomar el el tren de los tres raíles para hablar con una gran escritora que me espera en la estación Término de Todo: una esritora tridual, trigésima y tridimensional, como de tres raíles, que se llama Trinidad Amor; una escritora que debutará mañana con la vida nueva de la Resurrección. Mañana, sí mañana... : Sábado de la Segunda Gloria.Pero la hemorragia ha cesado… La sangre seca pronto… Los medallones tristísimos de rojo, esparcidos por mi camisa, por mi mesa de trabajo, por mi alma, me dicen que también soy Cristo, porque sufro, como sufrimos todos, que en eso consistió el Viernes Santo, cuando Simón y yo (todos éramos Cristo) corríamos de una calle a otra, de una plaza a otra, tras el sepulcro acristalado de un Cristo yacente que diríase dormido.
El señor Obispo, a la entrada de la catedral, nos dijo: “Estáis siempre en todo lados”. Y puede que sea cierto, porque El Informal Segorbino existe por mera vocación de ser y estar… Tengo sed... La pérdida de sangre da sed… Cristo en la cruz también tenía sed. La sed y el hambre de justicia nos hermana con el Cristo esencial de los poetas místicos y republicanos de la izquierda: León Felipe nació en Viernes Santo y César Vallejo murió en Viernes Santo… César Vallejo, el choclo comunista de la compañera Hispanidad, herido en el costado por la guerra, seguramente tan inevitable como la pasión de Cristo (la misma Dolores Ibárruri tomó el nombre de Pasionaria, no por sus pasiones sexuales, sino por su buena redacción de unos escritos juveniles pergeñados a propósito de la Semana de Pasión) fue, quizá como Pavese, quizá como Lorca, un cristo visionario de sí mismo:
El señor Obispo, a la entrada de la catedral, nos dijo: “Estáis siempre en todo lados”. Y puede que sea cierto, porque El Informal Segorbino existe por mera vocación de ser y estar… Tengo sed... La pérdida de sangre da sed… Cristo en la cruz también tenía sed. La sed y el hambre de justicia nos hermana con el Cristo esencial de los poetas místicos y republicanos de la izquierda: León Felipe nació en Viernes Santo y César Vallejo murió en Viernes Santo… César Vallejo, el choclo comunista de la compañera Hispanidad, herido en el costado por la guerra, seguramente tan inevitable como la pasión de Cristo (la misma Dolores Ibárruri tomó el nombre de Pasionaria, no por sus pasiones sexuales, sino por su buena redacción de unos escritos juveniles pergeñados a propósito de la Semana de Pasión) fue, quizá como Pavese, quizá como Lorca, un cristo visionario de sí mismo:
no me han pedido en esta tarde nada.
No he visto ni una flor de cementario
en tan alegre procesión de luces.
Perdóname, Señor: qué poco he muerto!
En esta tarde todos, todos pasan
sin preguntarme ni pedirme nada...
Porque en todas las tardes de esta vida,
yo no sé con qué puertas dan a un rostro,
y algo ajeno se toma el alma mía.
Hoy no ha venido nadie;
y hoy he muerto qué poco en esta tarde!
Tras el Cristo comprensivo de Segorbe, marchaban nuestras cámaras de pobre luz, comparadas con las otras de los ricos. Nuestras letras, de pobre imprenta, que no tienen papel como soporte y se escriben en el vacío completo de la Nada. Porque si a los pueblos les guían los poetas, nostros íbamos con el pueblo de Segorbe, del que formamos parte, tal cual, como decimos, los poetas más llagados de exilio... Íbamos tras la España peregrina, como españoles del éxodo y del llanto, como León Felipe tras el Cristo flagelado de Velázquez:
La melena sobre la cara...
La Luz entra
por los cabellos manchados de sangre
y te ofrecen un espejo.
¡Mira bien!… ¿No ves cómo llora?
¿No eres tú?… ¿No eres tú mismo?
¡Es el hombre!
El hombre hecho Dios.
¡Qué consuelo!
No me entendéis…
¿Por qué estoy alegre?
No sé…,
tal vez porque me gusta más así:
el hombre hecho Dios,
que el Dios hecho hombre.
Siguiendo, pues, el sagrado sermón de los poetas, estuvimos, hace siete días, en ese Viernes Segorbino de la sinestesia del dolor y la belleza, por entre las calles estrechas de lo antiguo, bajo los arcos, bajo la luz estremecida de las farolas, bajo los cielos y bajo el dolor de todos los malheridos de este mundo. Era, como hoy, un Viernes Santo.
Cesar Vellejo: Agápe
Léon Felipe: El Cristo de Velázquez


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