16.10.16

Mentira, Lie, Mensonge, Lüge, Menzogna

Luis Andrés Cisneros
La mentira o las mentiras, se expresen en el idioma que se expresen, no dejan de ser falsedades como puños. Además, según la definición de esa palabra que habita permanentemente con nosotros, mentira es una “afirmación que una persona hace consciente de que no es verdad”.

 ¿No les suena a discurso y promesas políticas? Lo más triste de la definición es que, los políticos, no incumplen sus promesas electorales, es que saben que muchas de ellas son imposibles de cumplir, pero les dan votos, lo que les garantiza sus ingresos económicos durante un largo periodo de tiempo.

 Desde las elecciones generales del año pasado (estamos a punto de cumplir su primer aniversario), hemos oído, hasta la extenuación, sobre todo por los partidos autodenominados de izquierda, que el resultado era un claro mandato de los ciudadanos para que los partidos dialogaran y que no querían un gobierno mayoritario.

 Para sustentar esta peregrina idea, ponían como ejemplo lo que había pasado en diversos ayuntamientos de España, así como en Comunidades Autónomas y el ejemplo palmario era lo que ocurre en Valencia, con la unión de partidos llamados ‘progresistas’ (curiosa denominación).

Lo que se deduce de ello es que si, por ejemplo Podemos y sus franquicias, hubiera sacado mayoría absoluta, habrían renunciado a la misma en aras al dialogo, consenso y pluralidad, llamando a otras fuerzas para negociar el poder. Esto mismo hubieran hecho la señora Oltra o el señor Puig (si eso lo llega a escribir Julio Verne, hubiera sido etiquetado como ciencia-ficción).

Pero claro, todas estas coaliciones totalmente desinteresadas y que sólo velaban por el bien de los ciudadanos, el progreso, la sostenibilidad, la igualdad de género, la laicidad extrema, el cambio de sociedad, se están viniendo debajo de manera estrepitosa.

 Desde estas formaciones se cansaban de dar mensajes sobre la solidez de los gobiernos de ‘progreso’. Y nos repetían, como catecismo progre, que nada tienen que ver las elecciones municipales, con las autonómicas, ni con las generales. Y que los electores lo tienen claro (pero ellos no)

 Bueno, pues ‘si la prueba del algodón no engaña’, ya hemos tenido la primera. El batiburrillo de partidos políticos, con valores completamente distintos, está a punto de venirse abajo y sepultar todas las utopías y mentiras de las que los firmantes de esos acuerdos se vanagloriaban. El primero en torpedear la gobernabilidad de muchas ciudades y comunidades autónomas ha sido Iglesias y su socio minoritario Garzón, dejando, bien a las claras, que o el PSOE se alía para gobernar con ellos (y todo su entramado, En Marea, Compromiso, etc.) en el Gobierno de España, o hará salar por los aires todos los acuerdos que tengan en cualquier rincón de nuestro país.

 Por mi parte, quiero agradecerles que se vayan quitando las caretas de carnaval (ya que en mucho sitios donde gobiernan parece un carnaval permanente) y que caigan presos de sus propias mentiras.

 Han demostrado, de manera clara y contundente, que los habitantes de nuestros pueblos y ciudades son, para ellos, solamente una fábrica de votos y que sus problemas y bienestar les importa tanto como el esquí nórdico a un habitante de Mauritania.

 De repente, todo lo que la señora Oltra y el señor Puig compartían se ha diluido como azucarillo en una taza de manzanilla. La señora Marco ¿dejará de creer y confiar en la señora Brancal? Si sólo con esto el divorcio se confirma, ¿qué pensar de la luna de miel anterior? Lo primero que se puede pensar es que todas sus palabras, abrazos, sonrisas y demás zarandajas eran pura y dura mentira.

Podrían pasar al Libro Guinness de los Récords cómo uno de los divorcios más rápidos de la Historia. Si no fuera porque son laicos, podrían acudir al Tribunal de la Rota y pedir la nulidad por razones evidentes. Además son inasequibles al desaliento ya que, como dijo el poeta inglés Alexander Pope, en el siglo XVIII, “el que dice una mentira no sabe qué tarea ha asumido, porque estará obligado a inventar veinte más para sostener la certeza de la primera”. Pero eso era antes, ahora eso les importa un pepino, son capaces de, en el mismo discurso, decir una cosa y cinco minutos después todo lo contario. No olvidemos que son profesionales de la política.

 Bueno pues estemos preparados para reproches, descalificaciones y un auténtico circo mediático. Eso sí, ninguno renunciará a las prebendas de su cargo, ¡¡faltaría más!!

 Hoy voy de refranes, siempre se ha dicho que “se pilla antes a un mentiroso que a un cojo”. Pero cuidado el problema no es que pillen al cojo, es que este último ya ha alcanzado al mentiroso. Peo les es igual, mientras tengan chollo al que cogerse, nada les importa.

 Lo más sorprendente es que los mentirosos siguen cosechando votos. A lo mejor es que en España el masoquismo está en el ADN de sus habitantes.

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